viernes, 1 de julio de 2011

Reseña de una tesis de maestría


LA CONSTRUCCIÓN SOCIAL DE LA ESCUELA SECUNDARIA

Los procesos de identificación en los estudiantes de quinto año. Un abordaje socio-antropológico. [1]
María de las Mercedes Ruiz*
El presente trabajo de tesis surge de la  inquietud de indagar, en los estudiantes de un colegio urbano periférico de Santiago del Estero,  prácticas cotidianas de sentido en su pasaje por el último año de la secundaria. Explora el modo en que las instituciones educativas, se construyen histórica y cotidianamente, desde las prácticas y las representaciones que los sujetos tienen de ella y la manera cómo las explican. Más precisamente, “los patios interiores de la escuela secundaria”, como ámbito de constitución identitaria y de invención cotidiana de la institución. El trabajo de campo transcurrió durante los años 2000 y 2001 y su  escritura final en el año 2002.
La situación de exclusión educativa que vive un importante sector de ésta población, el pasaje y la culminación de éste nivel, significa para la gran mayoría de ellos /as, la consagración de su perseverante voluntad de inclusión y pertenencia al cuerpo social. La precariedad social en la que se encuentran y la vulnerabilidad psicoafectiva que ella genera, tiene implicancias en la dimensión personal y subjetiva, tanto en sus prácticas como en las representaciones que tienen del mundo que los rodea.
Un colectivo de creencias y prácticas acerca de esta escuela, enfatiza asociaciones fuertes entre exclusión–marginalidad, violencia e inseguridad. En buena medida, se respaldan en prejuicios de índole socio-raciales específicas, asentidas o convalidadas en ocasiones, desde el interior de la propia escuela en una suerte de auto-profecía cumplida.              
Desde las autoridades de la misma, se promueve un tenso equilibrio por sostener  la escuela en una suerte de inclusión en el contexto de las restantes instituciones del medio, y los acuerdos y compromisos con el sector que la hizo posible: “los padres fundadores”; quienes, siendo algunos de ellos punteros políticos del partido gobernante alrededor del año 1996, (dinastía juarista) hicieron posible su concreción.
La escuela como un lugar para ser practicado, es para estos jóvenes el ámbito privilegiado a la hora de mayores definiciones en su proceso de identificación, generadora de los interrogantes y de la comprensión que tienen sobre el mundo más allá de sus muros, del entendimiento de las lógicas que operan en el tejido social que allí se constituye y de las estrategias que ponen en juego en el devenir de los acontecimientos y en la constitución de su futuro. Son perseverantes en su aspiración por permanecer en la escuela y saben reducir  los costos del tránsito por ella y su culminación. Saben que sin la membresía que les otorga, están sentenciados a la pérdida el sentido de pertenencia institucional e inclusión social en general.
Permanecer y pertenecer a la institución no se produce sin costos ni riesgos y en este tránsito se construyen alteridades específicas con cada sector de ella.
En su propia esfera los estudiantes constituyen, como en tantas otras escuelas, prácticas específicas de convivencia que concertadas o no, son producto  de complejos procesos en los que cuentan desde un acervo socio-político general o particular, ciertos estados psico emocionales y un entramado específico de relaciones que las hacen posible. Se identificó aquellas que en sus rutinas cotidianas, los estudiantes exhibían con mayor énfasis, las que podían explicar con mayor conciencia y las que efectivamente describían mejor los acontecimientos que marcaron su estancia en la escuela. Me refiero particularmente a las tramas de solidaridades y rivalidades que entablan y los criterios que usan para distinguir quien es quien en “el interior del patio” que los alberga.
No pareció desatinado vincular con estos procesos de identificación colectiva e individual que allí se constituyen, cuestiones de género, sexualidad, antigüedad en el establecimiento, grupo confesional o de un capital cultural vinculado al conocimiento o al saber.
Se consideró que comprender estos procesos subjetivos y objetivos que se interconectan en la construcción de un “nosotros” particular y múltiple a la vez, y de un “otros” que marca la diversidad, pero al mismo tiempo genera diferencias de posicionamiento en el contexto escolar, podrían ser una eficaz posibilidad de entender las lógicas que operan en el intrincado tramado relacional que allí tiene lugar; y porque no, de intervención futura en la construcción de espacios de mayor tolerancia democrática.
Se utilizó un abordaje de tipo relacional, en tanto permitió esclarecer de qué maneras, determinadas condiciones socio-históricas y políticas, afectan la vida de las instituciones y de sus miembros, a tiempo que son influidas por ellos. Así también, la manera en que los sujetos, en sus vínculos más próximos, reproducen o producen un particular “modo de ser” o del hacer. Refiero a la manera en que los sujetos en un determinado sistema de intercambios, clasifican y son clasificados para identificar a los “otros” en tanto distinto y desigual al “nosotros”.
A los fines de este trabajo, el paradigma interpretativo ofreció las posibilidades de un diseño flexible y de provechosa utilización.
La decisión del enfoque  etnográfico, permitió mostrar como las modalidades de interacción entre los estudiantes, en un tiempo histórico determinado, en el marco  de una institución especializada y con un conjunto de herramientas culturales, generan un conjunto de normas, valores, formas de percibir la realidad y de actuar propias de cada situación.
El estudio de corte descriptivo / interpretativo permitió además recurrir a: el uso de la Etnometodología, por cuanto se jugaron procesos de alteridad y de sentidos compartidos, tal como  los sujetos lo viven y reconocen; a los resortes que ofrece el Análisis del discurso de los estudiantes en particular y de todo agente que se vincula con la escuela, por revelar los mecanismos sobre el cómo, para qué, a  quién y porqué se dice lo que se dice. Así, se consideró el decir, como una práctica más.
Las categorías analíticas utilizadas, fueron organizadas conforme a hoja de ruta inicial. Se hizo hincapié en: a) diferentes niveles de contextos de producción socio, política y económica, b) el contexto barrial y escolar, c) los estudiantes y los significados que asumen para ellos: la escuela, las jerarquías, los pares y las tramas de alteridad. Estos apartados constituyen el cuerpo fundamental de la tesis.
Estas son algunas aproximaciones, no concluyentes, que advierten sobre el valor simbólico que tiene la escuela para estudiantes del sector:
Se piensa en ella como un espacio privilegiado para la constitución de alteridades, en el curso de un proceso de subjetivación e identificación específico. Representa un horizonte de posibilidades presente y futuro, en la historicidad de sus vidas cotidianas. Allí, la alteridad, gesta el sentido de lo propio y lo ajeno; el acuerdo o la disputa de sentidos, en medio de abiertas regulaciones institucionales y la propia experiencia dóxica. El carácter abierto de los encuentros y desencuentros, son la condición de posibilidad de instituir sentidos en el orden práctico, de  una mayor inclusión. Permanecer en la escuela, les otorga la posibilidad de ser nombrados, de obtener una “pertenencia”, allí donde la indiferencia, la exclusión o el olvido no los nombra.
Son estos procesos de identificación y subjetivación los que dicen del lugar socialmente asignado o designado, y de cómo los estudiantes organizan la producción de una imagen de sí, unificada. No significa ello que esta identificación esté dada, sino que se produce en medio de pertenencias y fidelidades, de compromisos y estrategias, de diferencias y estigmatizaciones, en diferentes niveles de significación, extra e intra-institucional. Sea tal vez porque las diferencias, implican situaciones de desigualdad  “que el llamado de la autonomía del sujeto, sea escuchado”. (Dubet, Francois. 1989).
La propia cultura, producto y productora de subjetividades e identificación, remite a la creatividad y la preocupación por sí mismo, como un valor. Se encuentra internalizada en la subjetividad, que sabe que la sociedad se produce a sí misma en su capacidad de creación cultural e de intercambio. Capacidad que permite construir ámbitos de afiliación y resistencia. Capacidad de integración, esto es de reproducción social pero también de resistencia e invención, es decir de producción sociocultural.
Queda por delante, que quienes se interesan por la realidad presente y futura de las jóvenes generaciones, puedan considerar que cualquier intento por comprender éstos procesos, tiene decisivas implicancias éticas y políticas en “un mundo de sentidos, plural y sin violencias”. Llámese deuda con la Escuela de Frankfurt o tradición del romanticismo del siglo XIX, se piensa en un compromiso.

“No obstante las constricciones estructurales, los estudiantes pueden y de hecho lo hacen, producir nuevos sentidos. Donde esto no ocurra, es posible que se manifieste la violencia”.
“Se trata de imaginar otro modelo de humanidad”.

La autora

[1]Tesis de maestría que contó con el apoyo económico de la FHYCS Y CICYT de la UNSE  para su  finalización. Fue evaluado con excelente y recomendación de publicación.

* Magíster en Estudios Sociales Para América Latina. Docente investigadora. Facultad de Humanidades, Ciencias Sociales. Universidad Nacional de Santiago del Estero. mekyruiz@unse.edu.ar


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