De mi cuaderno de notas
Te escribo en un frío día del Amigo/a, propicio para renovar el cálido diálogo que allá iniciamos y ahora proseguimos mediante el blog y el correo electrónico.
Celebro que estés trabajando tan activamente, como lo muestran los 6 proyectos que he recibido los últimos días, y los 10 (¡nada menos!) que veo hoy en mi bandeja de entrada, que contestaré a cada uno/a apenas los pueda leer.
Pero no será hoy ni mañana, te pido paciencia. Ahora me parece oportuno volver sobre un tema que mencioné en la mañana del sábado 25 de junio. Trataré de ampliarlo, hilando cabos sueltos de mis propias ideas, y esperando tu comentario.
1. Un principio orientador
Primero lo digo en positivo. Escribe tú mismo/a cada una de las frases del escrito que vas a firmar. Y luego en negativo: no cedas a la tentación de cortar y pegar (cut and paste).
Esta es una especie de regla de oro, que debe ser reiterada, porque siempre será necesaria. Hace un siglo Benedetto Croce –filósofo de la historia- criticaba a los historiadores que trabajaban con “tijera y engrudo”, repitiendo lo que otros habían escrito, sin decirlo. Para curarme en sano, debo decirte que hasta ahora nunca tuve un libro de Croce en mis manos: esta frase la leí citada por R.G. Collingwood en Idea de la historia.
Internet y los procesadores de texto lo hacen más fácil, por eso es que debemos recuperar la advertencia de Croce, al comprobar cómo se ha extendido esta mala costumbre, tanto en el nivel medio como en el superior y universitario, y aún en el posgrado. Luego de comprobarlo en monografías, ponencias a congresos y tesinas de grado, me he convencido de la necesidad de volver a enunciar el sentido de la norma, y los riesgos de su transgresión.
En efecto, debemos volver a decir lo ya sabido, del mismo modo que debemos volver a recitar los mandamientos, pero no como una cláusula hueca sino como un sabio principio orientador en el camino de la búsqueda de la verdad.
Como profesionales, estamos comprometidos en ello. Y en el momento de escribir, antes que profesionales, somos escritores. Lo que nos hace valiosa la lectura de una novela, un poema, o un ensayo, es que su autor/a nos ofrece su propia frase. Cierta o equivocada, bella o fea, es suya. Este es el punto más alto de la escritura.
Podemos comprender que la prosa “científica” (cfr. Enrique Anderson Imbert: La prosa, Marymar, Buenos Aires, circa 1986) no está exenta de esta regla general. Y por eso decimos que la buena ciencia, esas 30 a 40 páginas rescatables de cada tesis, valen porque son originales y propias de un autor.
La ciencia es también escritura de autor. Ponemos nuestro nombre como autores de un libro, un artículo periodístico, un poema o una tesis. Esto vale también para un proyecto, que es la semilla de una investigación y una tesis. Entonces, desde la semilla estamos obligados (por nuestra propia convicción, antes que por una regla externa) a cuidar la originalidad, la propiedad y la verdad del árbol que crecerá a partir de ella.
Nuestro escrito debe ser creíble, y para eso debe notarse que lo es, es decir, debe parecerlo. El ojo del lector o la lectora será nuestro juez. Escribamos siempre para un lector exigente y crítico, porque es el único que puede decirnos algo que nos ayude a crecer.
Si el rigor íntimo (crítica interna) se ha debilitado en este tiempo, ya es grave, y debemos fortalecerlo. Si el rigor institucional (crítica externa) también se ha debilitado, es aún más grave, y estamos ante el mismo desafío. En un sentido amplio, todos estamos llamados a mejorar nuestra educación, porque todos somos –y seremos siempre, hasta el último día- aprendices y enseñantes. Siempre lo primero, para poder ser lo segundo, y volver a empezar en un ciclo sin fin. Y el que crea que ya aprendió lo suficiente, está perdido.
Ustedes saben perfectamente que estamos jugando a representar roles sociales. En realidad, la vida consiste en eso, dentro y fuera de la universidad. En este caso, dentro del juego de este taller, a mí me toca representar el papel del tutor. ¿Y qué es un tutor? Entre las diversas acepciones que propone la palabra (pueden buscarla en un buen diccionario etimológico, y avisarme lo que encuentren), me quedo con esta: es una estaca (rígida y estéril, apenas una rama seca) colocada junto al retoño que crece (vivo y animoso) para protegerla del viento. Veamos esa magnífica conjunción de lo muerto y lo vivo. El tutor no florecerá nunca. Pero sí vuestro escrito.
2. La intertextualidad
Salvo excepciones (algunas de ellas admirables, pero por cierto escasas) la escritura hoy se realiza a partir de precedentes dados por la escritura de ayer. A esto se lo denomina “intertextualidad”. Aunque este rasgo de la escritura nacida entre otras escrituras vale para todo tipo de textos (poesía y novela incluidas), en la escritura técnica y científica es especialmente importante, y debe ser referenciado mediante procedimientos que hoy están estandarizados, y que en nuestra labor profesional no podemos ignorar.
No necesito ampliar este punto, porque es conocido y me desviaría del tema.
3. Internet
Ojo al charqui, como decimos en Santiago. La red tiene uso masivo desde hace unos 15 años, según mi experiencia. Si tienes menos de 20, creciste en ella. Si tienes más, sabrás que el mundo ha funcionado antes gracias a los libros. No abandones esta idea. Aún cuando Google consiga su propósito de internetizar el libro, eso sólo será un reflejo, y un pálido reflejo, de lo escrito en los libros. El papel no ha muerto, y si la pantalla te ayuda es para conducirte hacia el libro. Si no te ayuda en eso, te confunde. Nadie puede hacer una tesis con materiales de monografías punto com, o el rincón del vago.
Visita bibliotecas de verdad, en tu provincia y las vecinas que son, además de Cuyo y el NOA, Buenos Aires, México y el mundo. Lee libros de verdad. El plan de tesis te pide, a nivel de proyecto, un listado bibliográfico de no más de una página. Yo agregaré: no menos de una página. Visita Dialnet, página de la Universidad de Rioja, España. Lee las revistas académicas de tu especialidad, que son las ciencias sociales. Hay un centenar sólo en nuestro país.
Son las 23:10. Me esperan una milanesa, un vino, y tu afecto. Que duermas bien. Y adelante con la tarea. No temas destejer lo tejido, como Penélope, ni dejes de tirar a la basura lo que haga falta. Revisa tu escrito y expúrgalo. Sé tu propio lector crítico, así me ahorrarás trabajo. De todos modos, yo haré lo mío.
Te envío un fuerte abrazo en la noche santiagueña. Seguiré mañana, si hay mañana, con un texto que ya imagino: el agua pura que buscas no está en la pantalla sino bajo tus pies. Cava y la encontrarás. Sigo a Nietzche en este punto. Buenas noches.
Trabajando activamente!!!...como usted dice.
ResponderEliminar¡Qué hermoso articulo! gracias por la enseñanza, siempre hablamos de plagio y de escritura pero no nos dicen que es nuestro trabajo y mucho menos que seamos originales o que tratemos de ser veraces. Excelente concepto de "El tutor no florecerá nunca. Pero sí vuestro escrito", agregaría que florecerá pero … gracias al tutor que sostiene y endereza nuestro camino. Cariños riojanos y siestero !