domingo, 3 de julio de 2011

De tesis, deseo y demandas de amor...

Por Agustina Luque

Querido Alberto.
Parafraseando a Lacan ayer te decía que toda demanda es, en definitiva, demanda de amor. Aquí estoy,  ya que me has convocado a  decir, en este maravilloso espacio de tesis y  palabras. Ya que me has supuesto un saber decir (algo) en este valioso lugar del encuentro.
Me toca ahora  hacer semblante de que sé para hablar, justamente,  sobre el deseo y la demanda de amor. Y tomando a Lacan nuevamente quiero hablar del lugar del director de tesis como el lugar del Sujeto Supuesto Saber: ¿qué lugar, qué sujeto es ese? ¿qué se demanda cuando se demanda dirección?
Se me ocurre que  la elección de un director, como la de un analista, lleva implícitas las marcas del Deseo y  la Transferencia. Con esto quiero decir que quien elige, demanda (un director) no elige a cualquiera, sino que atravesado por el deseo elije a Uno, a un sujeto al que le supone Un saber sobre algo. De algún modo se trata entonces de un Acto de Amor y también de Fe, en el que un tesista convoca a un sujeto puesto en el lugar de El que sabe.
Yo prefería decir de El que se supone que sabe, sobre todo porque éste es un supuesto que el director como sujeto debería poder interrogar, interrogarse. ¿Qué quiere (el tesista) de mi? ¿Qué lugar me llama a ocupar? ¿Qué de esa demanda puedo responder y qué no? ¿Qué del propio deseo se juega en la dirección de una  tesis? Digo poder interrogarse para no correr el peligro de creer que se Es el que sabe, que sería el lugar de un amo terrible. Si me permiten diría mas bien que el lugar ideal, si es que lo hay, la posición ideal del director, al igual que la del analista, sería la de Hacerse el que sabe, la del Semblante.  Por momentos ocupar el lugar del saber y fomentar así la transferencia, la fe, la circulación del saber y  por otros no, no acceder a la demanda, frustrar y frustrarse, no hacer creer, ni creerse… Tomo una frase de tu blog Papeles de Maco (*) que me pareció tan justa para esto: “Si yo refuto tu verdad te pierdo, y si la afirmo enteramente, miento”.
Por supuesto no voy a apretar aquí las fórmulas del deseo ni las concepciones  de la transferencia como amor, no se preocupen, pero sí me interesa abrir interrogantes, dejar las huellas de que algo inherente a estas cuestiones del deseo y la demanda se juegan a la hora de convocar a un director. De dirigir un llamado al Otro. Y también a la hora de responder a esa demanda.

(*) www.papelesdemaco.blogspot.com  

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